2013/09/07

#HerriHarresia Luis Goñi: «Nos escondimos para, como pueblo, dar una respuesta desobediente»

El pasado 23 de octubre el Tribunal Supremo condenó a los jóvenes de Barañain Luis GoñiI y Xabier Sagardoi a seis años de cárcel por su militancia política. Ante el fallo, decidieron esconderse y se encontraron, en forma de iniciativa solidaria, con decenas de hogares dispuestos a acogerles. Hoy Gara ofrece una entrevista con Goñi, la cual reproducimos en Ateak Ireki.



Luis Goñi y Xabier Sagardoi llevan más de mes y medio ocultos gracias a esa iniciativa solidaria, desobediente y popular que responde a la negativa de ambos jóvenes a aceptar la condena de seis años que el Alto Tribunal español ratificó el 23 de julio. GARA ha podido entrevistar a Goñi, acusado de pertenencia a Segi y que ya cumplió tres años y cuatro meses de cárcel tras ser detenido el 24 de agosto de 2008. Su condena se basa en autoinculpaciones realizadas durante el régimen de incomunicación, unos días en los que el barañaindarra afirma haber sido sometido a torturas.

Decidieron ocultarse. ¿Cómo llegan a esa decisión? ¿Qué objetivo buscaban con ello?
Después de ver las reacciones de las diferentes fuerzas policiales afincadas en Euskal Herria, pidiendo a los jueces que se les diera aviso antes a ellas que a los y las condenadas, fue una reflexión que vino casi sola. Vimos la posibilidad de que, antes de articular cualquier tipo de respuesta, pudiéramos ser detenidos evitando así esas «murallas» de solidaridad y compromiso que se han vivido en Gasteiz, Orereta, Donostia, Ondarroa... También ha sido decisivo el herrialde en el que se va a dar esa respuesta. Nafarroa es cuna de los experimentos represivos del Estado contra la disidencia vasca, así que vimos la necesidad de escondernos. Por un lado, porque queremos seguir siendo sujetos activos, militando como desde que adquirimos esa conciencia, y por otro, porque el herri harresia que se está formando necesitaba tiempo para crearse, para afianzarse en pueblos y barrios de Nafarroa. Así, a partir de aquí, se organizó una respuesta desobediente como pueblo, no como Xapo [en referencia a Sagardoi] y Luis, que no valdría para nada.

La situación personal será dura: no poder ver a la familia, amigos... ¿Cómo se sobrelleva? ¿De dónde se sacan fuerzas?
Es muy dura. Cuando a la mañana te levantas y no puedes abrazar a tu pareja, cuando echas de menos el pesado WhatsApp de la cuadrilla, los momentos con la familia, la amona... Pero es de ahí precisamente de donde saco las fuerzas, porque me han hecho llegar todo su apoyo y compromiso en ayudarme en lo posible para hacer frente a este nuevo reto.

¿Se percibe la solidaridad desde su posición? Antes de que se ocultaran, ¿qué grado de apoyo notaron? ¿Se limitó a su entorno o va mas allá?
Dormimos y nos da de comer gente que en algunos casos ni conocíamos. Va mucho más allá de la solidaridad, es el paso que pedíamos hacia el compromiso. Y con respecto al apoyo... el grado de apoyo ha sido máximo, ya que en las asambleas que hemos convocado han tomado parte personas de diferentes colectivos o espectros políticos, no solo la más cercana políticamente. Como mejor ejemplo creo que tenemos las imágenes de la asamblea de la plaza del Castillo, que rompió todas nuestras expectativas.

¿Qué les dirían a las personas que se sientan indiferentes ante su caso o que incluso piensen que «se lo han buscado con su militancia» o que «algo habrán hecho»?
Pues justamente eso, que algo hemos hecho, y efectivamente, con nuestra militancia nos lo hemos «ganado».
No estamos de acuerdo con el marco político y social que se nos ha impuesto, no queremos que nuestra identidad ni nuestro idioma sean enterrados bajo leyes impuestas desde Madrid. No queremos que la educación ni la sanidad sean privadas para beneficio de unos pocos, así que actuamos consecuentemente, nos organizamos y trabajamos para hacer frente a todo lo que no nos parece justo. Pero no solo para destruir eso que no nos parece justo; vamos más allá. Queremos construir una alternativa, y para ello necesitamos muchas más personas que tengan ganas de sumarse, participar y crear algo.

La condena se basa en las autoinculpaciones. ¿Qué sentimiento les produce ese hecho? ¿Llega uno a arrepentirse? ¿Cómo fue el momento de la declaración policial?
Pues es justo la confirmación de lo que he mencionado anteriormente. Algo estábamos haciendo bien, ya que el Estado necesitó sus perros de presa (policías, fiscales, jueces, medios de comunicación...) para intentar acallarnos. Algo que no consiguió ni en la cárcel, porque para las y los presos políticos la prisión es un frente más desde donde seguir trabajando.
Por lo tanto, en ningún momento me he arrepentido, soy consecuente y sé que el defender mis ideas, el organizarme, en Euskal Herria tiene un coste que me ha tocado pagar con torturas y cárcel.
El momento de la declaración policial es muy duro. Son muchas horas de interrogatorios, muchos golpes, interminables sesiones de «bolsa» (creo que no estuve ni un solo día de los cinco que pasé incomunicado sin una bolsa en la cabeza)... para llegar a la declaración policial, aquella que te han preparado tus torturadores para, en un futuro muy próximo, llevar a las mismas cloacas de tortura institucionalizada a amigas y compañeros cercanos. Es muy duro, pero se supera reafirmándonos en el trabajo que hemos hecho.

La Guardia Civil ya ha entrado en alguna casa. ¿Temen que la decisión de ocultarse pueda tener costes para más personas?
No es agradable que, por ayudarnos, puedan represaliar a otras personas. Al mismo tiempo, es muy reconfortante que, sabiendo esto, haya tanta gente dispuesta a darnos cobijo y ayudarnos en lo posible. Es gente que se ha comprometido y que está dispuesta, como decía antes, a seguir haciendo, a construir, a desobedecer. Sin el compromiso de toda esta gente sería imposible seguir adelante, así que desde estas líneas hay que agradecer a toda esa gente comprometida que ha decidido perder el miedo y dar un paso al frente.

Han pasado varios años en la cárcel, más de media condena en realidad. ¿Como se vive la perspectiva de regresar allí?
El trabajo que se está haciendo en torno a la desobediencia, la gente que se está comprometiendo... todo esto evita caer en cualquier tipo de frustración o desánimo. Además, para mí, la cárcel es un frente más desde donde trabajar, formándonos, aportando a los debates... Y el miedo viene sobre todo en que nuestra familia, amigas y amigos vuelven a estar en la ruleta rusa que supone la dispersión.

Por lo tanto, la prisión no supondría un fracaso.
En ningún caso. Como antes de la primera detención, nosotros seguimos trabajando por cambiar, por transformar y construir una alternativa. Así que es muy posible que, en este camino, en algún momento, volvamos a ser detenidos para terminar de cumplir la condena que nos ha impuesto un tribunal que está ahí precisamente para que las cosas no cambien, para someter a pueblos enteros que quieren hacerse dueños de su futuro. Eso sí, mediante leyes, como buen Estado «democrático». Todo eso hace reforzar nuestra apuesta por la desobediencia. Xapo y yo no tenemos nada que hacer frente a un Estado organizado, pero un pueblo desobediente en marcha cambiaría mucho las cosas. Hay que organizarse y desobedecer, por un trabajo digno, por una sanidad pública, por el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, por una educación pública y de calidad... Tenemos muchos frentes abiertos, y cada uno y cada una, desde donde más cómoda esté, tiene algo que aportar. Los insumisos, Solidarios con Itoiz... tenemos muchas experiencias de éxito cercanas, solo hay que sumar.

¿Les han robado años de juventud? ¿Qué cosas han perdido por la represión?
Yo no siento nada parecido. Hemos pasado unos años en prisión, pero nuestra vida no se paró en el momento de entrar a la cárcel. Cambia porque intentan romper nuestros lazos afectivos y demás, pero no lo consiguen. De hecho, en mi caso, creo que los han estrechado.
Por supuesto que los años de cárcel hubiera preferido pasarlos con mi pareja, mi familia y mi cuadrilla, pero no es algo que podamos elegir, así que no pierdo mucho tiempo en pensar en ello. Prefiero quedarme con los lados positivos que le puedo sacar a haber estado en la cárcel, de haber conocido a tantos kides y de haber compartido tantos momentos buenos y algunos momentos malos con ellas y ellos.

¿Un último mensaje?
No quisiera desperdiciar esta oportunidad sin agradecer a mi pareja, familia, cuadrilla, a La Única Rugby Taldea, a toda la gente cercana de Barañain e Iruñerria... por el apoyo que nos están dando para seguir adelante, demostrando así que vamos por buen camino, que tenemos que seguir trabajando y que, además, este trabajo está recompensado con todo el cariño que nos da toda esta gente... que nosotros no necesitamos una recompensa en sobres marrones desbordados de dinero. A toda esa gente, mila esker eta besarkada handi eta estu bat!

1 comentario: