2013/06/30

Opinión: "Esta vez no pasarán"

Txelui Moreno y Maitane Intxaurraga -Portavoces de Sortu-

Las últimas pintadas fascistas y ataques contra sociedades culturales, sindicales o propiedades personales han encendido la alarma roja en todos los agentes políticos, sindicales y sociales favorables al cambio. Frente a ello es manifiesta la pasividad, cuando no la permisividad, de aquellos que ocupan provisionalmente el Palacio de Navarra y la delegación del gobierno de España en Navarra.



Las agresiones fascistas, ya sean pintadas, robo de ikurriñas o insultos a las víctimas del genocidio del 36, no han provocan ninguna reacción por parte de nuestros poderes públicos, dando imagen de amparo y protección a los autores materiales de las mismas.

No es casual esta falta de reacción, si tenemos en cuenta que estas actitudes se alimentan con el comportamiento caciquil de nuestros gobernantes, cuando prohíben actos públicos contra agresiones machistas o impiden que los organismos más implicados con la vida cultural de la ciudad no tengan un espacio para expresarse en fiestas. La prohibición de más de 300 actos programados por el movimiento popular y social de Iruñea es una actitud de prepotencia y desprecio a una parte importante de la ciudadanía. Estos hechos, alimenta actitudes dictatoriales y comportamientos fascistas en vez de primar la participación de la sociedad.

Son las declaraciones fuera de lugar de algunos políticos deslenguados que se escudan en su condición de clase especial, los que dan alas al comportamiento fascista que padecemos.

Son las declaraciones contra el derecho democrático a decidir de los Paisos Catalans y de Euskal-Herria, son las peticiones vengativas de mantener la doctrina Parot o la dispersión de presos que castiga a sus familiares, es la exclusión política de quien no piensa como ellos, son las agresiones policiales contra obreros en defensa de su puesto de trabajo, contra feministas el 8 de Marzo, contra jóvenes que protestan porque les quitan su futuro, son las decisiones judiciales que liberan a los ricos y políticos corruptos y encarcelan a los débiles, son los comportamientos sexistas y machistas, xenofobos y homofobos de algunos dirigentes, es el poso antidemocrático sobre el que se construyó lo que denominan transición, lo que alimenta estas actitudes fascistas de no respeto al que piensa distinto a su proyecto de España una y grande.

No cabe duda que vivimos tiempos convulsos. La crisis sistémica y la necesidad del Estado de dar respuesta al modelo territorial tras su fracasado “café para todos” ideado para acabar con las ansias de libertad de las naciones como Euskal-Herria, ha provocado el debate y dejado al descubierto las carencias democráticas de la transición. Esa remodelación del Estado a la que llamaron sin rubor “transición democrática” permitió que siguieran gobernando los mismos que mantuvieron el régimen franquista sin necesidad de reconocer sus crímenes ni reparar la memoria de las victimas de su dictadura militar.

Es ante este debate cuando han surgido los nervios. Es ante las peticiones de otro modelo económico y territorial, cuando las fuerzas más retrógradas activan todos sus recursos y uno de ellos es el movimiento fascista.

En Navarra por desgracia conocemos la connivencia que tuvieron los aparatos del Estado en todas y cada una de las agresiones que se produjeron antes y durante la transición. Entonces consiguieron mediante la violencia imponer su proyecto político, separar nuestro pueblo e imponer su modelo económico. Hoy vuelven a la carga cuando aprecian que el cambio político y social en Navarra es posible.

Pero lo que no saben, es que el cambio se está fraguando en un amplio espacio social, sindical y político con el apoyo de la mayoría de la sociedad navarra, sin exclusiones, desde planteamientos democráticos y de justicia social, lo que le confiere una potencialidad y legitimidad difícilmente rebatible.

Ante cualquier agresión fascista lo primero es la respuesta. La respuesta de la sociedad en su conjunto. Por encima de sus amenazas, por encima de la pasividad de UPN y la delegada del Gobierno, sigamos construyendo una sociedad donde los valores de igualdad y respeto al diferente sean los cimientos desde donde levantemos el cambio. Las próximas fiestas son un buen momento y lugar para demostrar que estamos haciendo el cambio, sin caer en provocaciones fascistas pero dejando claro que esta vez NO PASARAN.

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